Marcas sin alma

Los mercados son coladores de marcas adonde generalmente atraviesan las tradicionales y grandes, y unas cuantas innovadoras que han sabido conectarse con sus consumidores. Las marcas van y vienen, y nos hemos acostumbrado a las estadísticas de muerte como algo normal.

Es lógico comprender que el mercado no tiene espacio para todos, y que eventualmente algunas marcas saldrán, pero creo también que los mercados fueran más competitivos si ingresaran mejores empresarios y marcas mejor trabajadas.

Las empresas mueren por muchas razones; desde problemas financieros, mala planificación, hasta aquellas ideas que nunca debieron haberse llevado acabo. Pero dentro de esa sopa de razones y justificaciones hay un factor que me llama particularmente la atención porque es la causa de la muerte de muchas marcas y pasa desapercibida porque es como una enfermedad la cual se le desconoce su origen y cura.

Este asesino silencioso viene impregnado desde su nacimiento y es la carencia de alma en las marcas. Sus progenitores dan vida a organizaciones y nombres que persiguen fríamente solo el dinero de los clientes; no poseen razón de existir, no siguen ideales, ni principios, son marcas muertas que no inspiran al consumidor, y que toman a este por un inepto que esta dispuesto a botar su efectivo en lo que sea.

Son las marcas que nacen de la oportunidad y no del inspiración; aquellas que son movidas por el deseo de lucro, y no del sueño de hacer algo fantástico. Aquellas que fríamente ven a los consumidores como un simple blanco con efectivo, y no como la esencia y fundamento de creación de marca.

Provienen del tipo de personas practicas que piensan que el concepto de hacer negocios sigue anclado en el trueque y la transacción simple; adonde bastaba con ofrecer algo a cambio para recibir el equivalente en retorno.

De ellos nacen los típicos “Copy Cats” (imitadores), imitando mal lo que otros hacen, y disfrazándolos con colores y tipografías diferentes. Sus proyectos terminan proponiendo poco al consumidor, al mercado y sociedad en general.

Estas marcas a mi criterio carecen de un elemento que es clave en el desarrollo de una marca. Debido a que el impulso de crearlas está fundamentado principalmente en oportunidad de hacer dinero; el compromiso, la entrega, la pasión, el romanticismo, la forma particular de hacer las cosas, y la inigualable manera de pensar para crear un verdadero sueño, simplemente no esta presente; y esto hace toda la diferencia.

No hay forma de llegar al nivel de identificación con el consumidor que necesitan las marcas para triunfar y sobrevivir en el mundo de ahora, cuando la única fuerza que mueve a estas marcas es la oportunidad de ganar plata. A estas marcas, le llamo ¡marcas sin alma! Porque eso es exactamente lo que son. No tienen vida; se mueven por las razones equivocadas y terminan pagando un precio caro.

Los consumidores de hoy no aman, ni se apasionan por los imitadores, no se mueven por marcas que no tienen historias reales y menos por los que crean historietas temáticas falsas (De estas hay muchas). Tampoco se identifican con la carencia de ideas originales o la ausencia de una filosofía real de marca.

Los emprendedores que están comprometidos con un verdadero sueño, con la idea firme de hacer algo significativo, de anteponer cualquier cosa por hacer lo que les gusta y aman, y de moldear la marca con una honesta filosofía generalmente dejan una huella imborrable en los consumidores.

Las marcas que tienen alma las mueve la pasión y comprenden que el cariño del mercado y las utlidades vendrán a consecuencia de esto y no a la inversa.

Una ultima reflexión:

La globalización nos ha liberado del encierro y limitaciones de nuestras sociedades, obligándonos a realizar que solo somos uno más entre los siete billones de humanos que poblamos este mundo. El sentido de identidad, de significado, y propiedad que necesitamos para sentirnos únicos e importantes se esfuma al pensar que solo somos una partícula de esa enorme masa.

Las marcas deben de comprender que el consumidor de ahora tiene sed y hambre de sentirse identificado con cosas que lo hacen sentir especial, y no me refiero a bien atendido, sino  cosas que lo inspiren y que le den ese sentido de identidad personal que anhela.

Las marcas que comprenden esto crean vínculos de relación emocional que trascienden los precios, promociones y demás trivialidades de competencia. Las que no lo comprenden viven y mueren en el clásico pleito de fuerza y tamaño, adonde generalmente termina ganando el más grande y el que tiene más recursos.

Alex Bolaños

Emprendedor, ECMH alumni

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