La necesidad de diseñar en colaboración y en comunidad

Es imposible escribir sobre diseño y no iniciar intentando aclarar su significado. Todos diseñamos, pues el diseño es la base de toda actividad humana. Es establecer conscientemente un orden y significado (Papanek, 2014). 

Desde la revolución industrial ha prevalecido la idea de que el diseño responde al mercado (Margolin, 2012), pero hoy en día se está hablando del diseño como una colaboración entre personas, en la que los expertos utilizan su conocimiento para reconocer intervenciones sociales y transformarlas en soluciones más eficaces, atractivas, duraderas y potencialmente replicables (Manzini, 2015). 

Mi formación como diseñador ambiental fue en una escuela de artes aplicadas con gran influencia en la Bauhaus, donde siempre se nos hizo énfasis en las necesidades de las personas para las que se crea o adecua un espacio, un objeto o un mensaje. En un país como El Salvador, que presenta situaciones sociales particulares, uno desarrolla un pensamiento critico sobre la verdadera responsabilidad social del diseño, lo cual he intentado reflejar a lo largo de mi trayectoria profesional.

Entre el 2005 y 2010 tuve la oportunidad de trabajar como consultor de diseño para artesanos y ejecutar programas de formación para comunidades de jóvenes que deseaban desarrollar sus habilidades de elaborar objetos. La necesidad de estos dos grupos era la misma: un medio de subsistencia que les permitiera mejorar sus condiciones de vida y la de sus familias, haciendo uso de lo único que tenían seguro, su habilidad con las manos. En estas experiencias vi que el problema más frecuente en el desarrollo de productos es la falta de materia prima o su alto costo. Ante esta situación, generé una propuesta de diseño de objetos elaborados con materiales que comúnmente son considerados desperdicios, entre ellos, chatarra, cartón y plástico. El objetivo era demostrar a los artesanos que se puede tener acceso a una materia prima abundante y de bajo costo. 

En el 2007 presente este proyecto en el concurso CONTEMPO. Como resultado, logré exhibir en algunas de las ferias de diseño internacionales más reconocidas. Fue un logro personal y profesional que debió haberme hecho sentir que había logrado el propósito de todo diseñador, pero fue todo lo contrario, pues me hizo cuestionar cómo eso estaba ayudando a las personas con las que inicié trabajando. 

Durante esta experiencia conocí a Karin Beat-Phillips, fundadora del British European Design Group, quien me invitó exhibir durante tres años con ellos. Pero lo verdaderamente valioso de conocerla fue su guía y las múltiples pláticas y discusiones sobre qué debe de hacer un diseñador salvadoreño por su país y su gente. Ya en el 2016 en una de esas pláticas me cuestionó y retó sobre qué estaba haciendo para retribuirle a mí país lo que me había dado durante todos esos años. 

Esta conversación provocó reflexiones con estudiantes de diferentes universidades y amigos diseñadores para responder la pregunta ¿qué significa para mí diseñar en El Salvador? Fue así como inicié la planificación de un proyecto de colaboración y generación de comunidad entre la academia, profesionales en diseño y comunidades artesanales. 

Ese mismo año le presenté el proyecto a Federico Harrison, en ese momento Director Académico en la ECMH y a Humberto Flores que fungía como Rector en la UDB. A partir de estas reflexiones y conversaciones inicia el proyecto ECMH+UDB Diseño Para. Esta colaboración buscaba generar un espacio en el que se fortalecieran los vínculos de comunidad entre todos los participantes involucrados. Además, generar un proceso de diseño donde el producto final les perteneciera a todos y, lo más importante, que el resultado fuera divulgado para educar a la sociedad salvadoreña sobre cómo el diseño es más que un objeto, una imagen o un espacio; y que se puede profundizar en un proceso de investigación, comprensión, experimentación y generación de una respuesta ante una situación problemática.

La dinámica del proyecto consistió en conformar un equipo de 10 estudiantes, 5 por institución. Los participantes fueron guiados por un docente de cada universidad. Luego se les planteó un reto relacionado a una situación presente en el contexto salvadoreño. 

La primera fase fue de investigación para determinar la necesidad a atender. Los resultados se presentan a una comisión de diseñadores profesionales invitados para luego continuar con la segunda fase del proceso de diseño, generando una propuesta co- creada con los usuarios. 

Diseño para la movilidad

ECMH+UDB Diseño para la movilidad fue la primera edición, en 2016. Se les presentó a los estudiantes participantes la necesidad de desplazarse de vendedores ambulantes, campesinos, migrantes e incluso la migración forzada por la inseguridad en la zona de residencia. Los resultados de la investigación fueron presentados a los diseñadores invitados Javier Cristiani, Lula Mena y Ana Urquilla. La crítica fue bastante dura, pues no habían profundizado realmente en la necesidad de movilidad sino en la generación de productos. Este hecho obligó a volver a investigar a profundidad y fue así como encontraron, en el tema del cultivo y recolección del café, a un grupo de personas con necesidades desatendidas, pues la atención se enfoca en la plantación, cosecha y venta del grano, dejando de lado las necesidades de los cortadores, grupo conformado hasta por familias enteras (hijos, padres y abuelos) que trabajan año con año en un corto período mientras dura la cosecha.

Al realizar un recorrido del usuario (journey map) detectaron puntos de dolor relacionados a la postura del trabajo, desplazamiento por terrenos irregulares, transportando cargas de más de 100 libras en sus espaldas. Por lo que la propuesta consistió en el diseño de equipo que minimizara esos dolores.

Este proyecto fue presentado en ICFF Schools, en la ciudad de NY, en mayo de 2017, donde se exhibió una propuesta de diseño de objetos artesanales de bajo costo para un grupo social que no sabía que el diseño podía resolver ese tipo de problemas. La propuesta fue muy bien recibida por los asistentes a la feria, acostumbrados a ver productos y mobiliario contemporáneo que responden a tendencias del mercado. 

Por ser el primer proyecto, la propuesta se quedó en fase de prototipo. Eso porque los productores de café, si bien comprendieron la necesidad de los objetos, no estaban en la posibilidad de incrementar su inversión en la producción, ya que lo que ellos buscan es disminuir sus costos por lo inestable del mercado del café.

Diseño para la vulnerabilidad 

La segunda edición, ECMH+UDB Diseño para la vulnerabilidad se desarrolló en 2017Gracias al aprendizaje de la edición previa, se planificó con una duración de dos años, vinculándose al trabajo de graduación de los estudiantes de la ECMH. Este reto fue delimitando geográficamente en la zona costera, aprovechando que en esos años se estaba ejecutando la primera fase del FOMILENIO II enfocado en el desarrollo turístico e inversión en la zona costera, lo que facilitaría el estudio del contexto. 

Los estudiantes realizaron la investigación y descubrieron que la mayor vulnerabilidad de las comunidades en estudio está relacionada al ODS 6 (Naciones Unidas, 2015), acceso y saneamiento de agua. 

En este proyecto los estudiantes comprendieron la importancia de conocer el contexto, empatizar con los usuarios e identificar a todos los actores que pueden vincularse para disminuir las causas y consecuencias de un problema tan complejo como es el acceso al agua para consumo humano. Luego de establecer una serie de criterios definieron trabajar con la Comunidad Playa Majahual, a lo largo del proceso vincularon el proyecto con actores del contexto como: Fundación La Red, Juventud Rural, Fusades, Azure, Samsung y Rotarios; más diversos profesionales que contribuyeron desde la fase de investigación hasta el desarrollo de prototipos. 

Lo más valioso no fue el proceso de la búsqueda de una solución para purificar el agua, sino el oír el agradecimiento de una mujer que pertenece a estas comunidades por haber hecho posible que otras personas conocieran su realidad, por ya no ser invisibles y tener la esperanza de que las nuevas generaciones de estas zonas tengan acceso a agua que puedan consumir sin temor de enfermarse. Así quedó confirmado que el diseño no solo es un objeto, sino también un catalizador que organiza esfuerzos y comunica el mensaje correcto y muestra cómo el diseño permite visibilizar todas las actividades que muchas veces ignoramos para cumplir un objetivo aparentemente tan sencillo como tomar un vaso de agua, así como todos los actores involucrados en permitirnos tener un recurso natural indispensable, al alcance de una manecilla. 

Este proyecto también fue presentado en ICFF School en 2018, obteniendo el Editor Awards que lo reconoce como la mejor propuesta de diseño y escuela de diseño de dicha feria. A nivel país eso significa un reto, pues ahora la vista de otros países y universidades internacionales están observando cómo en nuestras universidades formamos en diseño respondiendo a las necesidades locales de las sociedades.

Diseño para la productividad

En 2018 se gestionó la última edición ECMH+UDB Diseño para la productividad. Esta iniciativa tuvo una duración de tres años. El enfoque ahora fue comprender la producción y consumo de productos locales. Una de las limitantes era trabajar con una comunidad artesanal que produjera con materia prima local y comprender las tendencias de consumo del mercado nacional. En esta edición la representación de ambas universidades logró vincular las 5 carreras, Diseño Gráfico e Industrial de la UDB, más las tres disciplinas que ofrece la ECMH: Comunicaciones Integradas de Marketing, Diseño Estratégico y Comunicación y Estrategia Digital. 

La investigación del contexto permitió descubrir a un grupo de mujeres que, en Tenancingo, departamento de Cuscatlán, mantienen viva la técnica del trenzado en palma, asociado a la elaboración de sombreros, pero también documentar el largo proceso para la obtención de la materia prima y analizar la cadena de costos que estos productos demandan. Esto permitió identificar a todos los actores que están vinculados y pueden ser beneficiados si se logra divulgar y concientizar sobre la importancia de producir y consumir localmente.

El mayor reto vino en marzo del 2020, al decretarse la cuarentena obligatoria a causa de la pandemia provocada por el COVID-19. No se podían seguir realizando las visitas de campo a la comunidad, los estudios de consumo en el mercado local, las sesiones colaborativas con diseñadores y comerciantes, ni las sesiones de trabajo presenciales en las aulas. Pero esto demostró una vez más que estos proyectos realmente han cumplido el objetivo de desarrollar un sentido de comunidad. Los estudiantes mantuvieron la comunicación con los diferentes colaboradores y modificando el rumbo para que las artesanas comprendieran la necesidad de cambiar la manera tradicional de hacer productos y comercializarlos. 

El resultado final de este proyecto es una documentación del proceso de trenzado, la visibilización de las comunidades artesanales y la generación de contenido de concientización para el consumidor por medio de las redes sociales. así como alianzas con estudios de diseño que trabajan en la conservación, promoción, divulgación y comercialización de técnicas artesanales nacionales.

Es importante compartir una serie de conclusiones sobre ideas que se han ido abordando a lo largo de este escrito:

La primera es la importancia de colaborar dentro de la academia, dejar a un lado la idea de que se debe de competir entre instituciones educativas. Al incorporarse al campo laboral  todos nuestros estudiantes participan de la dinámica de comunidad, indiferentemente de donde fueren formados, lo que nos lleva también a analizar los mayores retos que tuvimos que superar, entre ellos que una calendarización institucional o académica se cree inamovible, hasta que se comprende que el tiempo es una variable y no un obstáculo. Asimismo, aprender a escuchar a los estudiantes.  Todas las soluciones presentadas a lo largo del proceso vienen del análisis y comprensión del contexto desde su perspectiva, los docentes actuamos el rol del oyente y voz de la conciencia para retar al estudiante a dar lo máximo de sí.

Segunda, los problemas de las sociedades latinoamericanas son multicausales y esta complejidad invita a analizarlos desde diferentes miradas. Es aquí donde el trabajo colaborativo es una vía que permite una pluralidad de opiniones y respuestas para abordar simultáneamente las múltiples causas.

Tercera, una de las tareas del diseño es organizar y visibilizar a todos los actores de la sociedad que buscan solución a sus necesidades.  En ellos están personas con y sin formación académica, artesanos, maestros de oficios, estudiantes, profesionales. Al unirlos y con ellos sus conocimientos, es posible el desarrollo que mejore la calidad de vida de sus vecinos, amigos y familias. Como dijo una vez Ronald Shakespear, “el diseño no es necesario, es inevitable” (2013).

REFERENCIAS

Manzini, Ezio (2015) Cuanto todos diseñan. Una introducción al diseño para la innovación social. Experimenta Editorial. Madrid.

Margolin, Victor (2012)  Un “modelo social” de diseño: cuestiones de práctica e investigación. Revista KEPES Año 9 No. 8.

Naciones Unidas (2015)  Agenda 2030. Recuperado 21 de enero de 2022 de https://www.un.org/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/RES/70/1&Lang=S

Papanek, Victor (2014) Diseñor para el mundo real, ecología humana y cambio social. Segunda Edición, Pollen edicions, Barcelona.

Shakespear, Ronald (2013) Nunca pidas permiso. TEDXRiodelaPlata. Recuperado el 16 de abril del 2021 de https://tedxriodelaplata.org/charla/nunca-pidas-permiso/

Eugenio Menjívar

Docente Diseño Estratégico

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