El huevo o la gallina

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¿Qué fue primero, la ética o la creatividad? ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Dilema que condujo a filósofos antiguos a cuestionar cómo se originó la vida y el universo.

De vez en cuando, estos cuestionamientos dilemáticos  llevan a más de algún par de intelectuales o trasnochados pensadores a sostener el dulce ejercicio mental de una discusión de altura. En su más puro y diletante estilo dialéctico.

Tal fue el caso de mi proposición de la creatividad antes que y sobre la ética, durante uno de los contertulios entre académicos, ejercicios mentalmente refrescantes y placenteros dentro de  la atmósfera  de libre juego de ideas que propicia la Universitas.

No haré una narración de los pormenores sino que utilizaré este espacio para compartir las argumentaciones con que respaldo mi aserto.

  • Partiendo desde la base conceptual, creatividad es la capacidad innata que traemos desde que el misterioso proceso  bioquímico llamado metilación en la cadena de ADN determina cómo seremos al nacer, puesto que es la que determina que un mismo gen pueda expresar o reprimir las características  identificadas como fenotipos. Éstos no son otra cosa que las expresiones de los  genotipos en función de un determinado ambiente  y conforman el mapa genético que nos hace singulares, únicos e irrepetibles. Para ejemplo, los hermanos tienen la misma cadena de ADN pero son distintos.

Inteligencia y creatividad son, pues, el equipo personal de trabajo mental que desarrollamos, formamos, e incrementamos a lo largo de nuestra vida… o no. Es la voluntad propia la que nos permite acrecentar esas capacidades o dejarlas a merced de los instintos y emociones básicas, gobernados por nuestro cerebro límbico o reptil.

Hipótesis: la creatividad está antes que la ética. Teóricamente confirmada, puesto que esto sucede antes del nacimiento.

 

  • Si aceptamos  que “ética es una rama de la filosofía que se ocupa del estudio de la moral, la virtud, el deber, la felicidad y el buen vivir”, estamos de lleno en el campo de la σοφóς, sabiduría en la antigua Grecia.

Consultando al Oráculo de Wikipedia  –ya no disponemos del de Delfos, ni de la teatral decodificación de Pitonisa– encontramos: “la sabiduría es una habilidad que se desarrolla con la aplicación de la inteligencia en la experiencia, obteniendo conclusiones que nos dan un mayor entendimiento, que a su vez nos capacitan para reflexionar, sacando conclusiones que nos dan discernimiento de la verdad, lo bueno y lo malo. La sabiduría y la moral se interrelacionan dando como resultado un individuo que actúa con buen juicio. Algunas veces se toma sabiduría como una forma especialmente bien desarrollada de sentido común.”

Elementos importantes en este enunciado son habilidad y experiencia. Pericia, habilidad, que incluye el talento y la destreza adquirida por la práctica. Experiencia, en tanto conocimiento procedimental cuya repetición con el deliberado propósito de mejora conduce a la perfección en el ejercicio de algo.

De esto podría surgir una primera conclusión: uno es bueno en la medida en que practica repetidamente actos de bondad, implícita alusión a una permanencia conductual voluntaria en un tiempo prolongado. Implícita alusión a un aprendizaje inducido y una constante aplicación de juicio crítico –propio o ajeno– de aprobación o corrección, también prolongado en el tiempo.

La manifestación ética de ser bueno es entonces una actuación en un devenir en un entorno social que respeta y dignifica el comportamiento moral y virtuoso en el cumplimiento del deber, de acuerdo a determinados cánones, para alcanzar la felicidad y el buen vivir. La ética, desde Aristóteles, es un proceso y un “producto” social que se singulariza en cada individuo “para realizar las mejores acciones que mantengan la relación con el placer y el dolor”. De regreso con la creatividad en su concreción individual, en la personalidad creativa encontramos rasgos perfectamente identificables y bien definidos:

1. tiene dificultad para relacionarse,

2. suele evitar los contactos sociales,

3. considera que la mayoría de la gente “normal” es limitada,

4. tiende a ser dominante, por lo que le cuesta establecer relaciones humanas en un grado de igualdad o de sometimiento,

5. se considera libre de prejuicios y convencionalismos,

6. tiene poco respeto por las tradiciones y reglas establecidas y por la autoridad en su campo de acción,

7. prefiere fiarse de sus propios juicios antes que los de los demás,

8. tiene un alto grado de sensibilidad y autoconciencia,

9. es más abierto a la emoción y a la intuición,

10. prefiere la complejidad.

 

  • Pueden distinguirse dos grupos diferentes de personalidad creativa: el artístico y el científico. El artista, más que el científico, expresa su inconformidad en su vida y en su trabajo, pero ambos tienden a ser emocionalmente más estables que las personas “normales”.

Los casos de excepción se muestran inestables, ansiosos, depresivos, irritables o socialmente recelosos. Algo parecido a la neurosis, manifiesta en artistas y escritores de indiscutible genio, históricamente calificados de locos por su adicción a las drogas y al alcohol.

Artistas y científicos de personalidad creativa no parecen sujetos obedientes y sumisos dispuestos a ofrendar su vida al ideal de comportamiento moral y virtuoso establecido por una sociedad que si bien soporta, no admira.

Su creatividad es indiscutible, su ética depende de cómo haya sido inducido en su aprendizaje social y educativo. Depende de la formación recibida en el hogar, en la escuela, en los centros religiosos y en los núcleos sociales que han incidido en ellos durante su vida.

Eso explicaría la existencia de los “científicos locos” y los “genios del mal”, y los “artistas inmorales y degenerados”. Personalidades creativas sin formación, mal formadas o deformadas por procesos educativos inadecuados.

Hipótesis: la creatividad está sobre la ética. Teóricamente confirmada.

Estos  nuevos elementos dan pie a una segunda conclusión: una formación educativa conveniente y adecuada es vital para que una personalidad creativa encauce todo el potencial de su creatividad en los cánones éticos que lo convertirán en el invaluable generador de ideas  y productos originales, la verdadera riqueza de este país y el mundo. Y como beneficio adicional, al encauzar su creatividad de manera positiva, se reducen sus tensiones y –muy probablemente- cambie su actitud anti social.

Si usted amigo lector ha leído mis anteriores entregas, seguramente está pensando que es ahora donde finalizo mencionando la metodología distintiva de la Mónica Herrera. Y no se equivoca. Es lo más cercano a la educación adecuada y conveniente para una personalidad creativa en un tratamiento individualizado.  Es la formación que a mí me habría gustado recibir y no la del rechazo y castigo por rebelarme a la casilla mental de la repetición, la memorización y la sumisión absoluta al magister dixit todopoderoso.

¿Que qué fue primero? Para mí ¡la gallina! (La de la Creación que pobló la tierra con animales adultos)

Y yo soy “gallina que come huevo”, así que ¡aunque me quemen el pico!

 

Eva Cruz

Docente de la Escuela de Comunicación Mónica Herrera

Un comentario en “El huevo o la gallina

  1. Hermann W. Bruch on

    En principio debo admitir que Eva ha tocado un tema de raíz complejo y polémico, aunque concuerdo con su contenido y su enfoque. Sin embargo me parece atrevido decir que la creatividad está sobre la ética cuando en realidad, y siguiendo el pensamiento aristotélico, la creatividad es un “continuum” de la ética, por lo que poner a una sobre la otra no es posiblemente lo más acertado. Pero no es mi intención polemizar sino añadir un elemento de juicio personal al tema. Saludos y sigue comiendo huevo Evita.

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